martes, 9 de julio de 2013

No me importa sufrir por ti ni que tanto frío me cale los huesos.

Seguramente fueron todas esas cervezas que bebíamos a las dos de la mañana para emborracharnos, los dos en el sofá, y yo con ese pijama que borracho reconocías adorar. Tal vez fueron todas las mañanas amaneciendo en tu cama con carmín en la almohada, o los desayunos en la cama. Retorcernos en la mullida arena de la playa esperando que el sol desapareciera y dejara de iluminar nuestros rostros. Los aniversarios, las excursiones incluso las discusiones iban acompañadas de una melodía lenta encantadora.
Y ahora no puedo comparar nada con la melodía de aquellos días y aquellas noches.



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